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Naturopatía

La Naturopatía o Medicina Natural es una ciencia basada en la utilización de medios naturales de curación que intenta prevenir la enfermedad y superarla, estimulando la capacidad de recuperación del organismo llamada por el padre de la medicina occidental, Hipócrates de Cos, “Natura Medicatrix”. Él mismo afirmaba que el cuerpo humano siempre tiende hacia la curación cuando lo llevamos a las mejores condiciones de salud posible para esa persona en particular.

Otro importante aforismo hipocrático: “Que tu alimento sea tu medicina y que tu medicina sea tu alimento”. Nos muestra, a su vez, la importancia de la dieta en la Naturopatía, siendo ésta uno de los principales pilares para recuperar la salud. Promueve a su vez un estilo de vida en el que impera el optimismo al aire libre, una alimentación racional predominantemente vegetariana, deportes y ejercicios diarios, conocimiento fitoterápico y trofoterápico, como así también un estado mental favorable al bien de todos los seres.

El término fue acuñado por el médico alemán Benedict Lust, siendo sinónimo de  terapia natural. Las ideas que lo impulsaron estaban basadas en las de su compatriota Vincent Preissnitz, la escuela de Kuhne y un famoso dominico naturista austríaco llamado Sebastian Kneipp, quien promovió ampliamente la hidroterapia en todas sus formas.

Bennedict Lust (Michelbach, Alemania, 1872–1945) fue uno de los principales maestros del Profesor Juan Esteve Dulin, fundador en 1934 de la Asociación Naturista de Buenos Aires (entre otras asociaciones en Latinoamérica y España), junto al Dr. Paul Carton de Paris (1875–1947). Uno de los aspectos de la American School of Naturopathy, fundada por Bennedict Lust en 1901,  fue una terapéutica que operaba a través del poder de las fuerzas de la naturaleza: ejercicio, agua, aire, sol, tierra, hierbas, electricidad, físico, descanso, una correcta dieta naturista vegetariana, masaje, osteopatía, quiropraxia, higiene mental y moral.
‹‹ http://wn.com/Benedict_Lust ››

Más que la enfermedad, en Medicina Natural lo que existe es el enfermo y es por eso que el tratamiento ha de ser personalizado y con la terapia más apropiada en cada momento. Para Hipócrates “No hay enfermedades sino enfermos, y las llamadas enfermedades son crisis de purificación humoral y de limpieza orgánica”. Por este motivo, la Naturopatía ofrece un amplio abanico de posibilidades de tratamiento según cada individuo, su estructura  y herencia, puesto que cada persona es distinta, cada uno presenta una misma patología de manera  diferente.

La Naturopatía considera que la causa de toda patología radica en un desequilibrio del cuerpo ocasionado principalmente por malos hábitos y forma de vida. El principio fundamental es la “autocuración”, esto significa que el cuerpo se cura a sí mismo, ya que éste busca siempre  recuperar la salud.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) el término Naturopatía se refiere tanto a los sistemas de medicina tradicional como a las diversas formas de medicina indígena. La medicina natural emplea métodos de diagnóstico diferentes, tal es el caso de la iridología, que permite conocer el estado de salud por medio de la observación del iris. Esta práctica está reconocida de manera académica en algunos países del mundo.

Los principios que informan la Naturopatía se pueden resumir de la siguiente manera:

› En primer lugar, no hacer daño.
› Actuar en cooperación con el poder curativo de la naturaleza.
› Buscar, identificar y tratar la causa fundamental de la enfermedad.
› Tratar a toda la persona con un tratamiento individualizado.
› Enseñar los principios de una vida sana y el cuidado de la salud preventiva.

 

Homeopatía

La homeopatía sostiene que los mismos síntomas que provoca una sustancia nociva en una persona sana pueden ser curados por un remedio preparado con la misma sustancia, siguiendo el principio enunciado como “similia similibus curantur” o lo similar se cura con lo similar.

El concepto homeopático de enfermedad difiere del de la medicina convencional: considera que la raíz del mal es espiritual en vez de física, y que el malestar se manifiesta primero con síntomas emocionales (como ansiedad y aversiones), pasando a ser, si no se tratan a tiempo, síntomas mentales, conductuales y, por último, físicos.

Como resume G. Weissmann  http://es.wikipedia.org/wiki/Homeopat%C3%ADa – cite_note-Weissmann_2006-1  para Hahnemann la enfermedad no es causada por ningún agente físico discreto, sino por la falta de armonía con la “fuerza vital”.

La materia médica pura es un listado de síntomas asociados a sustancias.

Se redactó empíricamente mediante ensayos homeopáticos. Por ejemplo, el investigador bebe una dosis tóxica de la sustancia y anota todos los síntomas físicos, mentales, emocionales y de comportamiento que padece. La sustancia, convenientemente preparada, será empleada en adelante para tratar esos mismos síntomas. El repertorio homeopático, la Materia medica, es un listado de remedios y síntomas recopilado de esta forma, y utilizado para identificar el remedio más apropiado para cada caso. James Tyler Kent, que publicó su repertorio en 1905, recoge unos 700 remedios diferentes. En la actualidad, se usan cerca de 3.000 remedios distintos en homeopatía, de los cuales 150 se consideran de uso común.

La preparación de los remedios homeopáticos, conocida como dinamización o potenciación, consiste en una serie de diluciones seguidas de agitaciones, diez fuertes sacudidas contra un cuerpo elástico tras cada proceso de dilución. Se cree que la vigorosa agitación que sigue a cada dilución transfiere parte de la esencia espiritual de la sustancia al agua. El factor de dilución de cada etapa es, tradicionalmente de 1:10 (potencia D o X) o de 1:100 (potencia C), aunque recientemente se han realizado potencias LM (factor de dilución de 1:50.000 en cada etapa).

La elección de la potencia prescrita depende de cuán asentada esté la enfermedad diagnosticada, siendo 12 el punto de partida típico para males agudos, y 30 para males crónicos. El factor de dilución se considera mucho menos importante que el número de diluciones sucesivas. Las potencias D son, por lo general, las preferidas en Europa, mientras que las C prevalecen en EEUU e INDIA.

La dilución
La homeopatía define la potencia de sus remedios de acuerdo al número de diluciones: cuanto más diluidos estén, más potentes son. El proceso de dilución se llama potenciación. La potencia es un número entero, de modo que cuanto más alto sea el número, la dilución es mayor. 30×, por ejemplo, está más diluido (por lo tanto, de acuerdo con la homeopatía, es más potente) que 10×. Esto contrasta con la medicina convencional y la bioquímica, que dicen que cuanto más ingrediente activo esté presente en un medicamento más fuertes serán los efectos fisiológicos (positivos y negativos).

Algunos defensores de la homeopatía creen que mientras las diluciones más bajas tienen mayor efecto fisiológico, las diluciones más altas presentan mayores efectos en el plano mental o emocional. Incluso los críticos están de acuerdo en que un mayor factor de dilución probablemente presenta ventajas a la hora de vender el preparado, puesto que asegura su inocuidad.

Gran parte de la controversia en torno a la homeopatía se centra en el mecanismo por el que supuestamente actúan estas sustancias tan diluidas. Los críticos afirman que las preparaciones homeopáticas están tan diluidas que difícilmente pueden contener alguna cantidad de la sustancia diluida, esto es, no hay moléculas de la sustancia «activa» en las diluciones más «potentes». Por otro lado, los defensores de la homeopatía dicen que el mecanismo es irrelevante, porque funciona; citan el ejemplo de la aspirina, que se ha utilizado durante años sin saber cómo actuaba. Los críticos responden que hay una diferencia fundamental entre no entender el mecanismo de una medicina probada, y no encontrar ningún mecanismo para un preparado de eficacia no probada. Mientras tanto los estudios no logran despejar la controversia, porque la ausencia de efectividad comprobable suele ser achacada por los partidarios a la supuesta inadecuación de los métodos de ensayo clínico a la homeopatía, que atendería casos únicos y no problemas parametrizables, el tipo que puede investigarse científicamente. El fracaso es completo también en intentar proponer un mecanismo de acción que concilie las afirmaciones de la homeopatía con los conocimientos actuales de física, química y biología, con los que son incompatibles.

Historia de la homeopatía
Pintura alegórica de Alexander E. Beideman (1857) mostrando el horror con que la Homeopatía y Samuel Hahnemann contemplan a la medicina de la época.

La homeopatía fue propuesta como un nuevo método terapéutico, de tratamiento de enfermedades, por el médico alemán Samuel Hahnemann (1755 – 1843) que lo concibió entre los últimos años del XVIII y los primeros del XIX, publicando la primera edición de su obra magna en 1810. Lo ofreció como respuesta a la terapéutica predominante en la época, identificada por él como sistema alopático o alopatía, por contraposición a su propio sistema. Aunque ramas del saber médico como la anatomía y la fisiología habían dado importantes pasos para convertirse en científicas, sobre todo desde el Renacimiento, la terapéutica seguía siendo dominada por las enseñanzas de Galeno y se venía tratando a los mediante medidas extremas, como purgantes, eméticos (vomitivos) y, sobre todo, sangrías, la extracción deliberada de sangre, a menudo hasta el límite del desmayo. Una evaluación, con los conocimiento actuales, de esta etapa de la historia del arte terapéutico, lleva a la conclusión de que los médicos estuvieron haciendo más mal que bien durante esos casi dos mil años. La propuesta de Hahnemann resultaba mucho más benigna, porque desde el principio propuso la utilización de preparaciones muy diluidas, aunque no tanto como las que se han venido usando después, precisamente para evitar los efectos negativos.

Desde mediados del siglo XIX la terapéutica normal empezó a ser penetrada por los resultados de la investigación científica, sobre todo los de la biología y la química, identificando la causa de muchas enfermedades como resultado de agentes infecciosos, y empezando a examinar estadísticamente los datos epidemiológicos. El desarrollo de métodos estadístico y experimentales, como la prueba controlada aleatoria, para la evaluación de las medidas terapéuticas, ha alejado a la medicina del siglo XX, al menos la que se enseña en las facultades universitarias, del estado de cosas que conoció Hahnemann. En contra de los reproches de éste, ni entonces ni ahora, los recursos terapéuticos se buscan entre los que provocan síntomas opuestos a los del paciente, que es lo que significa alopatía. Sin embargo, en Estados Unidos los médicos no homeópatas aceptan sin problemas esta expresión para su propia práctica, sin preocuparse de su significado.

Vida de Samuel Hahnemann
Hahnemann abandonó en 1784 el ejercicio de la medicina, desencantado por lo que veía como un esfuerzo inútil o contraproducente, a pesar de la aceptación acrítica de la mayoría de sus contemporáneos, y se dedicó durante un tiempo a la traducción. Ocupándose de una obra del escocés W. Cullen, encontró en ella motivos de desacuerdo respecto a la explicación de las virtudes de la quinina, y emprendió sus propias investigaciones, como era frecuente en la época, sobre él mismo. Observó que los síntomas provocados por la ingestión de quinina coincidían con los de las fiebres palúdicas para las que estaba indicada, aunque se ha deducido de sus anotaciones que él debía ser hipersensible. Esta constatación le inspiró la interpretación de que «aquello que puede dar lugar a un conjunto de síntomas en un individuo sano, puede curar a uno enfermo que presente ese mismo conjunto de síntomas», recuperando un viejo principio, similia similibus curantur (lo semejante se cura con lo semejante), en una generalización que es el fundamento de la terapéutica hahnemanniana.

La ciencia moderna considera que, aunque la formación de la hipótesis fue racional, es de hecho falsa. Actualmente la investigación terapéutica se basa en el rastreo de las propiedades biológicas de las sustancias con sistemas simplificados, como cultivos de tejidos, y en la investigación biológica de los mecanismos moleculares y celulares, normales y patológicos, de las funciones biológicas. No importa si el tratamiento induce síntomas iguales (homeopáticos), distintos (alopáticos) u opuestos (antipáticos). Tampoco se excluyen el uso del mismo agente patológico (recursos isopáticos), como en la aplicación de vacunas. Lo único que importa es la verificación objetiva de los efectos, tanto terapéuticos como secundarios.

 

Fitoterapia

La fitoterapia es la parte de la ciencia farmacéutica que estudia el uso de plantas medicinales y las preparaciones obtenidas a partir de éstas. No se puede, según esta disciplina, atribuir a ninguna planta propiedad curativa o preventiva de enfermedades, sin antes haber realizado un estudio científico serio y demostraciones.

El uso de las plantas como remedio natural se remonta a tiempos muy antiguos. Hoy en día la ciencia confirma la presencia en ellas de principios activos que constituyen los ingredientes primarios utilizados por laboratorios farmacéuticos en sus preparados para curas y el cuidado del cuerpo.


Historia
Los primeros usos curativos de las plantas se remontan a unos 10.000 años en la India, mientras que los más antiguos documentos que lo testimonian pertenecen a los chinos, entre todos se destaca el Herbolario de Shên Nung (2700 a.C.). Importantes fueron también algunos papiros egipcios que plasman el conocimiento de esa gran civilización en más de 700 formas diferentes de medicamentos de naturaleza vegetal y animal. Famosos son los encontrados por el egiptólogo alemán G.M. Ebers (1837-1898) y también los de Smith (1600 a.C.), que tratan 160 tipos de drogas como el opio, etc. Textos indios entre el 1000-800 A.C., también mencionan más de 800 drogas medicinales, así como algunas tablas pertenecientes a la civilización asirio-babilónica, mencionan también las plantas y sus efectos sobre la salud.

De todo modo, el primer tratado sistemático de botánica farmacéutica De Historia Plantarum, escrito por el griego Teofrasto (372-287 a.C.) filósofo peripatético sucesor de Aristóteles en la dirección de su escuela, fue muy difícil y casi incomprensible. Otra figura griega protagonista de importancia excepcional en este campo, fue Hipócrates, el fundador del a escuela de Coo (460-377 circa a.C.). Ese antiguo médico griego, clasificó por vez primera de manera sistemática 300 especies de plantas medicinales, incluyendo también recetas, métodos de empleo y dietas, influyendo mucho, de esa manera, sobre el mundo romano y el pensamiento de la edad Media. Entre sus obras más significativas, destacan: el De medicina de Celso (18 d. C.), y el De materia médica. Solamente en época romana, de hecho, se comienza así a hablar de Farmacoterapia y Farmacognosia en el sentido moderno que damos al termino.

Van después recordados: los 37 libros del Naturalis Historia de Plinio el Viejo (23-79), una obra enciclopédica muy fundamental para comprender los conocimientos farmacológicos de los antiguos; los estudios de Claudio Galeno (129-201), que catalogó los medicamentos en función del “calor” o “humor”, según grados crecientes (Methodus medendi); y, la obra de medicina en 70 libros del médico personal del imperador Giuliano l’Apostata, Oribasio (325-403), que trata de falsificaciones de las drogas.

Con el final del imperio romano, los conocimientos científicos médicos vendrán a ser conservados en los monasterios y desarrollados paralelamente en el mundo árabe, donde nace la alquimia, la predecesora de la química moderna, y en donde fue elaborado el primer ejemplo de farmacopea. Importante también, el trabajo de Isacco Giudeo (850-950 circa), el Libro de los alimentos y de los remedios simples, y el noto Canone de Avicenna (980-1037).

Mientras tanto se fue desarrollando así una red de hospitalidad entre las instituciones religiosas, las casas de los peregrinos, los hospitales, junto con los huertos botánicos cultivados por los monjes. En la Edad Media se desarrolla más el comercio de las especias y de las drogas, y con ellas de las plantas medicinales y su difusión se ve incrementada. En XIII sec vemos nacer los primeros cultivos de las mismas, pero solo entre el 400 y el 500 se inicia la verdadera ciencia botánica.

Con el descubrimiento del nuevo mundo, aparecen nuevas plantas. Así, en las universidades también se difunden las primeras cátedras de Lectura semplicium (botánica experimental).

El primer tentativo de nomenclatura botánica fue hecho por Leonardo Fuchs (1501-1566). En los mismos años, Paracelso (1493-1541) enfrenta estudios químicos concentrándose sobre los principios activos de las plantas. Sus seguidores empezarán después, aquella parte de la química que estudia los medicamentos. Magnol (1638-1715), será el que introduce en la clasificación botánica la idea de la familia: todo el reino vegetal, subdividido en 76 familias.

Más descubrimientos hizo Linneo Carlo Linneo (1707-1778), que, partiendo del descubrimiento de los órganos genitales en las flores de Camerario (1665-1721), divide por géneros y especies adoptando una especial nomenclatura de dos nombres, que permite identificar cualquier especie de hierba.

Hoy día, la comunidad científica reconoce en las plantas grandes poderes de curación. Muchos de los medicinales modernos contienen como principio activo las sustancias recabadas exactamente en ellas.

 

Dietoterapia Naturista

Las frutas y vegetales son un componente esencial de una dieta saludable. Su consumo está relacionado con una reducción de los factores de riesgo de enfermedad cardiovascular, prevención del cáncer y descenso en la mortalidad general. Por el contrario, su menor consumo genera perfiles de biomarcadores plasmáticos menos favorables que son predictores de enfermedades cardiovasculares y óseas, y mayores tasas de mortalidad.

Sin embargo, el consumo de frutas y verduras no es frecuente y se hace en pequeñas cantidades, en comparación con los cereales, las grasas y los dulces. La variedad de frutas y vegetales consumidos es limitada. En la dieta estadounidense, el 50% de las frutas consumidas está integrado por las manzanas, las naranjas y las bananas, mientras que los vegetales más consumidos son las papas y la lechuga “iceberg”. Por otra parte, las verduras de hoja verde solo integran 0.2 porciones por día. El consumo de frutas y verduras, tanto en Europa como en Estados Unidos, es mucho menor que las cantidades recomendadas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 
› Nutrientes por calorías y nutrientes por costo unitario.
› Alimentos que brindan nutrientes a un costo razonable.
› Las frutas y vegetales no son tan costosos, ya que brindan nutrientes a un costo razonable, comparadas con otros alimentos.

Los autores mencionan varias razones para esto. La elección de los alimentos se basa en el sabor, el costo y la conveniencia. El sabor depende mucho de la densidad energética del alimento. Los alimentos más apetecibles suelen ser los que tienen mayor valor calórico por volumen de la unidad. En Reino Unido, los niños de 4 años prefirieron las frutas de mayor densidad calórica, como las bananas, las manzanas y las uvas que las verduras de menor densidad calórica, como la lechuga o el jugo de calabacín (zucchini). El costo, calculado por caloría, fue mayor para las frutas y los vegetales que para las grasas y azúcares, en especial luego de tener en cuenta los desperdicios. En cuanto a la conveniencia, los productos frescos son difíciles de transportar, preparar y almacenar.

El consumo de frutas y vegetales tiene relación con el estado socioeconómico. Son predictores de un bajo consumo de frutas y vegetales los bajos niveles de ingresos, de educación y de conocimiento nutricional, como así vivir en vecindarios pobres. Cuando la compra de alimentos está basada solo en el precio, en vez de dietas con valor nutricional se obtienen dietas hipercalóricas, con pocos nutrientes. Los granos refinados, el agregado de azúcares y de grasas brindan calorías a un bajo costo.

La Dietary Guidelines for Americans 2005 recomienda que los consumidores seleccionen primero los alimentos con mayor densidad de nutrientes y luego, las calorías adecuadas a sus requerimientos energéticos. Aunque los alimentos densos en nutrientes suelen ser descritos como aquellos que poseen una relación elevada nutrientes-calorías no existe un estándar uniforme para la densidad de nutrientes. En este estudio, los autores establecieron puntajes para la densidad de nutrientes y para la adecuación de nutrientes de vegetales y frutas, basados en los 16 nutrientes principales para la salud pública. Los autores analizaron las relaciones entre el contenido de nutrientes y el costo de los alimentos, utilizando los precios más comunes en Francia. Dada su baja densidad energética y su alto contenido de nutrientes, los vegetales y las frutas puede ofrecer un conjunto de nutrientes a un costo razonable, comparados con otros alimentos.

Métodos
Se utilizaron las bases de datos con la composición de 637 alimentos consumidos en Francia, incluyendo 129 vegetales y frutas.

El puntaje para la adecuación de nutrientes fue definido como el promedio del porcentaje de los valores diarios de 16 nutrientes cada 100 gr de alimento. El puntaje de la densidad de nutrientes y la relación nutriente-precio se calculó de acuerdo al porcentaje promedio de los valores diarios de los 16 nutrientes, expresado en 100 kcal y a razón de 1 euro de alimento, respectivamente. La relación entre la densidad energética de los vegetales y las frutas, el puntaje de adecuación de nutrientes, el puntaje de la densidad de nutrientes y la relación nutriente-precio se calcularon mediante regresión lineal.

Resultados
Los puntajes de la densidad energética y la densidad de nutrientes se correlacionaron negativamente, confirmando la noción ampliamente aceptada que los alimentos ricos en calorías tienden a ser pobres en nutrientes. Como se esperaba, las frutas y los vegetales tuvieron el mayor puntaje de densidad de nutrientes debido a que son ricas en nutrientes en relación con su bajo contenido calórico. También mostraron una relación nutriente-precio relativamente elevada, demostrando que brindan nutrientes a un costo razonable, comparadas con otros alimentos.

Comentario
Los problemas que surgen de la dieta de las sociedades occidentales son cada vez mayores, por su mayor valor calórico y pobreza de nutrientes, prestando más atención al contenido de nutrientes de cada alimento individual en relación a la energía que provee. El concepto de densidad de nutriente, muy destacado en la Dietary Guidelines for Americans 2005, puede ser una herramienta valiosa para la educación nutricional y las recomendaciones dietarias. Es ampliamente aceptado que los alimentos ricos en calorías tienden a ser escasos de nutrientes. El presente estudio brinda la primera demostración estadística formal sobre este concepto: la densidad energética se correlacionó negativamente con el puntaje de densidad de nutrientes, un índice global de la densidad de nutrientes. Los alimentos con mayor densidad de nutrientes son aquellos que contienen cantidades importantes de nutrientes fundamentales, pero relativamente con pocas calorías. La preferencia por estos alimentos permitirá a los consumidores cumplir con el consumo de nutrientes recomendado sin excederse en la cantidad de calorías totales.

Los vegetales y las frutas contienen cantidades importantes de vitaminas y minerales y tienen, en su mayor parte, poca densidad energética. Aunque suelen ser descritos como alimentos densos en nutrientes o ricos en nutrientes, su contenido necesita ser medido usando algún estándar o criterio constante. “Nuestro enfoque,” dicen los autores, “señalado por estudios anteriores sobre índices nutrientes/calorías, y otras relaciones basadas en los nutrientes, fue calcular la adecuación nutritiva de 129 vegetales y frutas y compararla con alimentos de otro tipo.” Para hacerlo, los autores desarrollaron un sistema de puntaje, el cual, a diferencia de otros índices, como el índice de Hansen de la calidad nutricional, brinda un enfoque global de la adecuación de nutrientes y no un enfoque nutriente por nutriente. Por otra parte, la originalidad del presente estudio, dicen, es que “comparamos la adecuación nutricional de las frutas y vegetales con las de otros alimentos, por peso (puntaje de adecuación de nutriente), por calorías (puntaje de densidad de nutrientes) y por costo (relación nutriente-precio). Los puntajes se basaron en la media de los porcentajes de los valores diarios de 16 nutrientes. Dada esta limitación, no se incluyeron nutrientes importantes como el zinc, el selenio, los ácidos grasos n-3 o los fitonutrientes antioxidantes; sin embargo, “pueden ser incluidos en futuros desarrollos de nuestro sistema de puntos”. En los modelos clásicos, el puntaje de adecuación de nutrientes no fue utilizado para reflejar la importancia diferencial de los diferentes nutrientes.

Los autores no trataron de corregir la biodisponibilidad de un determinado nutriente cuando éste se hallaba en diferentes fuentes de alimentos. En este momento, el no tener en cuenta el puntaje de adecuación de nutrientes para cada alimento individual es comparable a la proporción de la adecuación media, clásicamente utilizada para calcular la adecuación de nutrientes de la dieta total. Una diferencia es que en el cálculo de la proporción de adecuación media, cada proporción fue llevada a 1, para evitar que el elevado consumo de un nutriente compense el consumo bajo de otro nutriente. Sin embargo, en la evaluación de la adecuación de nutrientes de cada alimento individual también es importante considerar el hecho que algunos nutrientes son provistos en gran cantidad por un número limitado de alimentos, como la vitamina C en la fruta o el calcio en los lácteos, mientras que otros nutrientes están presentes en la mayoría de los alimentos pero en poca cantidad. Estos son temas que deben ser considerados cuando se utiliza el enfoque de la adecuación de nutrientes.

Es fácil producir, almacenar y transportar cereales, azúcar y grasas a un costo bajo. Esto induce a jerarquizar los precios de los alimentos, lo cual sucede tanto en Francia como en Reino Unido, con alimentos densos en energía que proveen más calorías por dólar o euro. Asimismo, la noción que las frutas y vegetales son una fuente asequible de nutrientes básicos (en oposición a las calorías) es más generalizada y adoptada por muchos países. Aplicando el mismo sistema de puntaje para todos los alimentos, fue posible analizar las relaciones entre su adecuación de nutrientes, la densidad energética y el costo energético. Solo el 45% de las frutas y vegetales estudiados cuestan menos de 1,0€/100 kcal.

Sin embargo, los datos mostraron en forma ambigua que las frutas y vegetales eran ricos en nutrientes en relación con la poca energía brindada. Aunque las frutas y los vegetales pierden valor cuando son evaluados según la proporción calorías/precio, adquieren valor cuando son evaluados usando el puntaje de densidad de nutrientes y la proporción nutriente/precio. Según los autores, estos cálculos son posibles solo cuando se usa el índice global de adecuación nutricional para cada alimento individual, tal como el puntaje de densidad de nutrientes y la proporción nutriente/precio.

Algunas frutas y vegetales tuvieron mayor proporción nutriente/precio que otros. Entre aquellos con proporciones favorables estaban las naranjas, las bananas, los jugos de fruta, el repollo, la zanahoria y los vegetales congelados o envasados. No es de sorprender, dicen, que sean éstos los más consumidos en la realidad. Los estudios de observación han mostrado que es imposible hacer recomendaciones de consumo evitando las frutas y/o vegetales. Como resultado, las guías alimenticias, como Thrifty Food Plan, incluyen algunas frutas y vegetales de bajo costo.

Cuando se calculan nutrientes/caloría (puntaje de densidad de nutrientes) y la proporción nutrientes/precio, las frutas y vegetales superan a muchos alimentos. Las carnes magras y los lácteos descremados tienen muchas de las mismas ventajas, combinando baja densidad energética con alto contenido de nutrientes. Ambos conceptos, nutrientes/caloría y nutrientes/costo por unidad, pueden exponerse en las etiquetas de los alimentos y en los anuncios de salud relacionados con nutrientes. En este momento, los alimentos son definidos como una buena fuente de un determinado nutriente si proveen una cantidad específica de un nutriente por porción. La Food and Drug Administration ha contemplado la revisión de las etiquetas de los productos alimenticios de acuerdo con una densidad de nutrientes estándar, por ejemplo, la cantidad de un nutriente que el alimento provee en relación con las calorías que contiene. El sistema que presentan los autores brinda un puntaje cuantitativo para la densidad de nutrientes y lo consideran un complemento de la Dietary Guidelines for Americans 2005 y la nueva Pirámide Nutricional.

Existen señales de que el público considera que la nutrición es menos importante que el buen sabor y el bajo costo. De acuerdo con esto, el precio de los vegetales y las frutas es una barrera para su mayor consumo. Sin embargo, para todas las mercaderías, incluyendo los alimentos, los consumidores principalmente desean que su dinero tenga valor. La generalización del enfoque de la proporción nutriente/precio, por el que se elegirían alimentos ricos en nutrientes en relación al precio podría tener un impacto favorable en la salud pública. Obviamente, dicen los autores, los alimentos con pocos nutrientes y muchas calorías no pertenecen a esta categoría porque son fuentes costosas de nutrientes. “Si se lograran costos asequibles para los nutrientes fundamentales de vegetales y frutas tendríamos una estrategia para aumentar su consumo.”

Conclusiones
Los alimentos catalogados según su adecuación nutricional fue calculado por peso (puntaje de adecuación de nutrientes), por calorías (puntaje de densidad de nutrientes) o por costo unitario (proporción nutriente/precio). Los resultados de este estudio mostraron que aunque las frutas y vegetales son una fuente costosa de energía dietética, brindan nutrientes básicos a un costo razonable.

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Dres. Nicole Darmon, Michel Darmon, Matthieu Maillot, Adam Drewnowski.
Traducción y resumen objetivo: Dra. Marta Papponetti. Especialista en Medicina Interna.
J Am Diet Assoc. 2005;105:1881-1887.

 

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